Anarquía y vandalismo: shakers contra soviets
/La llegada del rock and roll a Inglaterra supuso toda una hecatombe para una sociedad acostumbrada considerar a sus jóvenes deudores de esfuerzos pasados: ellos habían ganado la guerra y aseguraban que este (la Inglaterra que se recuperaba de los bombardeos) era el mejor de los mundos posibles. Cuando irrumpió el rock and roll y el pop, creando subculturas acostumbradas al baile y la moda como rockers, mods o teddy boys, que aterrorizaban barrios enteros de la capital, cada semana surgían nombres de bailes que triunfaban entre los adolescentes. «The shake» fue uno de estos bailes.
El baile se convirtió en una amenaza. Esa amenaza llegó incluso a la Unión Soviética. A comienzos de los sesenta, los shakers podían verse en un puñado de lugares, casi siempre clandestinos, de las principales ciudades soviéticas. Habían tenido a sus stiliagui (el equivalente soviético de los beatniks) y muchos no dudaron en calificarlo de «nefasta influencia occidental».
Uno de los más enconados antishakers fue Ígor Moiséyev, entonces director de la Compañía Rusa de Baile y nombrado en 1953 Artista del Pueblo de la Unión Soviética, quien acusó al shake de ser la «ideología de la anarquía». Todo formaba parte de un malvado plan. Para Ígor, el baile había sido introducido de forma deliberada por las potencias occidentales para corromper los valores soviéticos. El baile, según él, no era otra cosa que «ejercicios libres de sexo».
Las ideas del rock and roll llegaban en contadísimas excepciones a mercadillos ilegales de discos y entre muy pocos fans que debían esconder esas inclinaciones: «Muchos de los llamados bailes modernos, deben ser considerados peligrosos. El aspecto imprudente de espectáculos de este tipo pueden afectar a un hombre normal», afirmó. El shake estaría liderando una avanzadilla de anarquía y vandalismo: «El shake está subordinado a los mismos elementos anárquicos que lideran la decadencia de la pintura, escultura, teatro y la novela occidental».
El soviet se venía abajo y todo por culpa de los shakers: «Estos bailes echan por tierra todo aquello que es característico del pueblo soviético: el espíritu colectivo, el sentido común en las relaciones humanas. la forma de vivir y el deseo de que nos relacionemos con armonía las distintas personalidades». Mientras tanto, a pesar de las apocalípticas palabras de Ígor, cada vez más jóvenes soviéticos hacían oídos sordos. La anarquía era imparable.
En el «otro lado» sucedía algo parecido: para una parte de los ingleses, tras el fenómeno del baile se escondía el fantasma de la locura, el extremismo y la violencia. En ambos casos, en el este y el oeste, el baile significaba liberación, crítica, locura.